Una temporada para silbar, Ivan Doig


Esta encantadora novela relata unos años de la vida de una familia de “colonos” tardíos del Estado de Montana a comienzos del siglo XX. Paul Milliron, el cronista, relata esos años desde la perspectiva de los años 50 de ese mismo siglo. La sociedad estadounidense, asombrada por el lanzamiento del Sputnik y la ventaja resultante de los rusos en la carrera espacial, decide que los colegios rurales de una sola aula deben desaparecer, aunque ello suponga desplazamientos considerables para los alumnos. Paul trabaja para la administración escolar y es responsable de comunicar esta decisión a numerosos profesores de la zona donde creció. Es precisamente una de estas escuelas el centro de la novela, en torno al cual conocemos a la familia de Paul, formada por el padre viudo y tres hijos, a Rose, el ama de llaves que contratan por correo respondiendo a un anuncio en el periódico, donde se presenta con la frase “no cocina, pero tampoco muerde”, a Morrie, el hermano de Rose, que llega con ella desde Chicago, y a toda una sociedad dispersada en pequeñas granjas que exigen mucho de sus propietarios y les dan poco.
La narración es sencilla, en parte divertida, sin más dramatismo que una familia de tramperos a la que temen todos los vecinos y la amenaza de la inspección escolar y con un detalle anecdótico, el paso del cometa Halley en 1910, en unas fechas decisivas para los protagonistas de la historia.
Una novela recomendable para quien busca un relato reposado y sin estridencias.

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