El primer hombre, Albert Camus


¿Qué sentido tiene publicar un manuscrito incompleto y en parte incomprensible de un escritor consagrado como Albert Camus? ¿Y qué sentido tiene publicarlo más de 30 años después de la muerte de su autor? Los herederos del genial escritor francés, que murió solo 3 años después de recibir el premio Nobel, aluden a la polémica existente en su tiempo acerca de la relación de Camus con Sartre. Como es sabido, Camus se distanció públicamente del existencialismo y de la doctrina socialista. Pero, después de leer el libro y los apéndices, no logro comprender este argumento.
La novela consta de una sección claramente autobiográfica, en la que Camus se presenta Como Jacques Cormery, y un buen número de hojas con apuntes, esbozos de diálogos, simples palabras que debían ayudar al autor a completar capítulos o escenas, y dos cartas, que Camus intercambió con su profesor de enseñanza primaria en Argel. La descripción se centra en tres momentos: el nacimiento del joven Jacques en un viñedo cercano a Mondovi, los años de infancia en un suburbio de Argel con su hermano, su madre, su abuela y un hermano de su madre, y un viaje que el protagonista hace al Marne para visitar la tumba de su padre y a continuación a Argel, en los explosivos años 50, para narrar a su madre cómo es la tumba de un hombre que la dejó viuda y con dos hijos en un lugar inhóspito y en la miseria.
La narración lineal está salpicada de ideas y reflexiones sobre el sentido de la vida, sobre la pobreza, sobre la guerra, sobre la pena de muerte, sobre la patria (“Mi padre nunca había visto Francia. La vio y lo mataron.”). La figura de su madre, inculta, trabajadora, resignada a una vida miserable sin plantearse alternativas, ocupa el lugar central en las reflexiones del Cormery adulto.
Tengo que decir que he disfrutado de la lectura. No tanto por lo que sucede, pues es poco, y ya conocía la vida de Camus, sino por el modo de exponer las observaciones de un niño de 13 años, que no duda en afrontar una pelea en el “campo del honor” por no dejar sin castigo el insulto de llamarlo enchufado, y que no se atreve a mentir a un extraño para conseguir un trabajo durante las vacaciones. También los apuntes desordenados de las notas adicionales reflejan la genialidad del escritor francés, pied-noir de tercera generación, que conservó siempre en su interior vivencias asombrosamente nítidas en el particular clima colonial de Argelia. Estas notas recogen reflexiones como la siguiente: “Empezar la última parte con esta imagen: el asno ciego que pacientemente, durante años, da vueltas en la noria, soportando los golpes, la naturaleza feroz, el sol, las moscas, siempre soportando, y de esa lenta marcha en círculo, aparentemente estéril, monótona, dolorosa, el agua brota infatigablemente.” Recomendable como complemento a las demás obras de Camus.

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