La ley del menor, Ian McEwan

Novela relativamente corta, pero muy densa, del escritor británico Ian McEwan. En este libro se basa la película “El veredicto” que salió a las pantallas el año pasado. La novela difiere en puntos importantes de la película y plantea los temas de fondo con mayor profundidad, especialmente en lo que a la protagonista se refiere.
Fiona Maye es una jueza de 59 años especializada en temas familiares. Se hizo famosa por una sentencia en la que decretó la separación de dos hermanos siameses, consciente de que la separación y la salvación de uno de ellos pasaba por la muerte provocada del otro. Este y otros casos la persiguen en sueños y hacen que haya descuidado la vida familiar. Su marido, geólogo, no piensa en renunciar al matrimonio, pero le pide permiso para tener una aventura temporal con una joven. Fiona reacciona indignada y le sugiere que, si procede así, deberá abandonar inmediatamente el hogar común. Durante esos mismos días, Fiona tiene que dictar sentencia en un caso que la afecta también profundamente. Adam Henry, un chico algo menor de 18 años, Testigo de Jehová como sus padres, está en el hospital para el tratamiento de su leucemia, pero se niega a recibir transfusiones de sangre. El hospital lleva el caso a juicio, y la jueza tiene que decidir con urgencia si se debe obligar al chico a aceptar el tratamiento. Antes de la vista final, Fiona decide visitar al enfermo para hacerse una idea más fiable de la situación.
El autor trata con gran respeto la religión de los padres, al igual que los problemas de conciencia que se dan en otros casos vistos por la jueza. Una vez dictada la sentencia, y con sus problemas familiares aún sin solucionar, Fiona se da cuenta de que el bien del menor, como base legal para su decisión, implica mucho más que un simple tratamiento. El libro contiene implícitamente temas de gran relevancia, como la libertad religiosa, el papel del Estado, la necesidad de una orientación para poder sobrevivir en la vida y la conciliación de vida familiar y laboral.
La prosa es agradable, el ritmo adecuado, y las frecuentes alusiones a la música enriquecen a mi modo de ver la experiencia del lector. Muy recomendable.

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