El laberinto de los espíritus, Carlos Ruiz Zafón

Cuarta y última entrega de las novelas de Ruiz Zafón en torno a la familia Sempere, a su protector Fermín Romero de Torres y al Cementerio de los Libros Olvidados. Como ya se anunciaba implícitamente en la tercera parte, El Prisionero del Cielo, nos reencontramos con el antiguo director de la cárcel de Montjuich Mauricio Valls. Pero también con el personaje principal de la nueva novela, Alicia Gris. Esta huérfana de guerra con especiales dotes en la fina franja que separa el trabajo de los espías y el de la policía, acogida por un misterioso agente del Régimen y adiestrada para asumir tareas no oficiales, se gana pronto la simpatía del lector a pesar de su carácter oscuro, rayando en lo diabólico.
La trama comienza con la desaparición de un popular ministro de Franco y con su investigación por parte de Alicia. Pronto entramos en el mundo de la Barcelona de la posguerra, el preferido por Zafón, y en engranaje narrativo de este autor, en el que, esta vez, no faltan recursos extremos y algo artificiales como las largas explicaciones de los protagonistas, las citas o tramas secundarias para integrar a personajes pasados como Fumero o Corelli, y el epílogo en torno a Julián y su proyecto editorial. Todo ello, y el gran número de páginas, enturbia algo la trama y la vuelve en parte pesada, a no ser que uno acabe de leer los tres primeros tomos de esta saga. El lenguaje de muchos de los personajes resulta demasiado ingenioso para ser real, y algunos hilos se pierden o acaban de forma inexplicable.
En resumen: demasiado largo, demasiado repetitivo y algo pedante. De todos modos, este libro es obligatorio para los que han leído las tres primeras entregas. Espero con interés la siguiente hornada de este Autor.

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