Pureza, Jonathan Franzen

Franzen monta esta novela de largo metraje con abundante crítica social en torno a unos pocos personajes. Purity (Pip) Tyler es una joven okupa californiana, enamorada de un hombre casado mucho mayor que ella y obsesionada por conocer la identidad de su padre, que su madre de Oakland no le quiere revelar. Andreas Wolf es un activista alemán, creador de una web de destape denominada Sunlight Project, perseguido por un pasado de disidente en los últimos tiempos de la Alemania Oriental. El tercero es Tom, periodista dedicado a destapar supuestos escándalos del mundo de la política y la información.

La historia de los tres protagonistas va entrelazándose por medio de personajes aparentemente secundarios como Annegret, la antigua amante de Andreas en la antigua RDA, o Anabel, la mujer de Tom. Franzen incorpora tramas secundarias que, aunque son innecesarias para la principal, contribuyen a crear el tono moralista y de crítica social característico de sus obras.

Franzen conoce bastante bien la historia de la «República del Mal Gusto», como llama a la antigua Alemania comnunista. Y también sabe mucho de pájaros, como demuestra en muchas páginas de sus libros.

Al igual que sucede en Libertad, la trama en sí no es el tema más importante para el autor, sino la descripción de los personajes, de nuevo en un entorno de adicciones de diverso tipo, y la crítica a las estructuras sociales y económicas. Los caracteres me parecen más logrados que en la anterior novela, aunque no dejan de ser extremos. A mi parecer, la novela ganaría en interés si se recortaran las tramas secundarias. De todos modos, es una buena novela, que describe como de costumbre una estampa un tanto desoladora de la sociedad.

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