Viaje con Clara por Alemania, Fernando Aramburu

Viaje con Clara por Alemania
Cuando terminas de leer esta novela, sabes tanto de Alemania como antes de comenzar a leerla. Porque la historia no va de un viaje por el paisaje, sino por el paisanaje. Y ni siquiera por el paisanaje alemán, sino por los personajes que se encuentran de paso, y al pasar: el protagonista es un español. Y hay diferencias de carácter entre este español y los alemanes , qué duda cabe, pero el autor se libra muy mucho de señalar las diferencias de carácter entre los españoles –todos, en general- y los alemanes –todos, en general-, aunque alguna pincelada sí que da: nos pinta menos encorsetados, pero también menos amables.
De lo que sí va la novela es de destrozar tópicos: a lo largo de sus páginas se ve cómo nada es lo que parece, ni nada es como debería ser: los rebeldes consiguen ser felices en tanto que las normas no consuelan –ni apoyan- , cuando se presentan las desgracias, a los que las han seguido toda la vida; los escritores escriben de lugares donde nunca han estado; los matrimonios que discuten pueden ser (o estar) bien avenidos, aunque aparenten otra cosa; los profesores no conocen en absoluto a los adolescentes.
Eso sí, el humor es corrosivo. Ahí van dos botones de muestra:
( A su paso por Gotinga, donde la pareja protagonista había ido de luna de miel): Las vías públicas de Gotinga abundan en estatuas … A ellas se han añadido, desde que Clara y yo abandonamos la ciudad, cierto número de piezas modernas que ganan mucho cuando se les da la espalda.
(En la tumba de Herbert Marcuse): Herbert fue conducido al Dorotheenstadtischer Fridhof como corresponde a un marxista de pro, en un Cadillac negro de lujo que hizo aquel día su último viaje de servicio.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
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