Las armas y las letras, Andrés Trapiello

Muy interesante panorámica de los escritores españoles, con menciones de pasada a algún pintor, durante nuestra guerra civil. La segunda edición, de 2011, está más documentada que la primera, al decir de su autor, que se congratula de haber dado a conocer alguna interesante crónica de la guerra y algún que otro escritor prácticamente desconocido.

Es un libro más de consulta que para leer de un tirón, a no ser que se conozca muy bien no ya a los escritores españoles de la primera mitad de siglo, sino los entresijos de la guerra, ya que Trapiello pormenoriza los constantes vaivenes de unos intelectuales que, en su mayoría, no tenían banderías ni querían estar en ninguno de los dos lados. Tenían ideología algunos de ellos, aunque no todos; tenían principios algunos de ellos también, y a veces quienes menos te lo esperas: en este libro se critica muy agriamente, con datos y fechas, a Alberti, a Neruda y, algo menos, a León Felipe, y se ensalza por su rectitud moral a Juan Ramón Jiménez, a Machado y a Unamuno. Se relata punto por punto el enfrentamiento de Unamuno con Millán Astray en Salamanca: “Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta…Me parece inútil pediros que penséis en España. He dicho”. Se deja claro en varias ocasiones que algunos de ellos no tuvieron más remedio que quedarse en el “bando equivocado” porque no pudieron pasarse al otro, o que tuvieron que contemporizar porque sus hijos estaban en el frente. Y, sobre todo, el autor se explaya en la convicción de que todos, excepto quizá los más jóvenes, renegaban de ambos bandos casi en cuanto estalló la guerra, porque en ambos prevaleció la violencia y lo radical, en detrimento del raciocinio. Y que todos, o casi todos, estuvieron muy a disgusto en el bando que escogieron, aunque pensaran que el otro era peor.

Lo que sí se puede sacar en claro del libro, y creo que es intención del autor remarcarlo entre todos los vaivenes que narra y los datos, matices y curiosidades, imposibles de retener por excesivos, son tres claves:

Primero, que la gran mayoría de escritores se quedaron en la zona republicana, por considerar la República el gobierno legítimo. Aun así, después de afirmar lo anterior, Trapiello hace una lista de los autores de uno y otro bando, más o menos del mismo número de personas (en mi modesta opinión, ha colocado autores poco conocidos en el bando nacional hasta que han sido “pares”).  De un lado están Lorca, Machado, J.R. Jiménez, Américo Castro, Casona, Sender, Salinas, León Felipe, Madariaga, Francisco Ayala, Bergamín, Alberti, Altolaguirre, Ferrater Mora, Arturo Barea, Miguel Hernández, Emilio Prados, Cernuda, Rosa Chacel, Julián Marías, María Zambrano, Clara Campoamor, Mercé Rodoreda…. del otro están Manuel Machado, Baroja, Azorín, Menéndez Pidal, Ortega, Pérez de Ayala, Marañón, Eugenio D,Ors, Marquina, Ricardo León, Concha Espina, Gómez de la Serna, Wenceslao Fernández Flórez, Pemán, Muñoz Seca, Astrana Marín, Julio Camba, Josep Pla, Gerardo Diego, Xavier Zubiri, Alvaro Cunqueiro, Dionisio Ridruejo, Jardiel Poncela, Miguel Mihura, Leopoldo Panero,  Torrente Ballester, Laín Entralgo, Edgar Neville, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Martín de Riquer…

Segundo, que sólo la parte republicana permitió que sus intelectuales siguieran debatiendo ideas y opiniones propias y ajenas sin censura y sin que tuvieran que temer por su suerte, con alguna excepción por parte de las filas comunistas, que eran partidarios de cercenar según qué opiniones, en aras de la unidad antifascista. Se nota, según el autor, no sólo en los artículos y libros publicados, que son de todo signo y opinión, sino también en la cantidad de revistas de todos los colores políticos que surgieron durante la guerra en la zona republicana, muchas más que en zona nacional (que, además, sólo podían tener el color azul-Falange)

Tercero, que la mayoría de intelectuales de ambos bandos, al igual que el Gobierno de la República, huyeron del frente y las zonas en guerra ya en el 36. Al igual que el Gobierno se fue de Madrid a Valencia en el 36, abandonando la ciudad a su suerte, muchos de los escritores ya consagrados de ambos bandos marcharon al extranjero en misiones diplomáticas para hacer propaganda de su respectiva causa y recabar amigos entre las democracias europeas y americanas, se fueron a Valencia en el caso de los republicanos o bien simplemente se exilaron ya en el 36 y 37, sin esperar al fin de la guerra.  Su compromiso no incluyó, en la mayoría de los casos, defender su bando más que desde lejos. Las honrosas excepciones fueron Miguel Hernández y Antonio Machado, que recuerde ahora. Como he dicho antes, la permanencia en Madrid de Alberti o Neruda no fueron muy honrosas

Como conclusión, el libro es sorprendendente, por los tópicos que derriba y por lo bien documentado que está, además de muy bien escrito, como todos los libros de Trapiello, pero muy denso y , casi, un libro de consulta. Tampoco es de desdeñar que sugiera algunos títulos y autores poco conocidos y, a su juicio, muy interesantes, según el gusto y los intereses de cada uno: siempre es bueno ampliar el stock de escritores para leer cuando nos jubilemos y tengamos tiempo.  Eso sí, no se puede leer el metro.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
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Una respuesta a Las armas y las letras, Andrés Trapiello

  1. Javier dijo:

    Me lo apunto para leerlo

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