19Q4, Haruki Murakami

La crítica considera a este libro la obra maestra de Murakami. Yo no llego a tanto, pero convengo en que la obra lleva al extremo todos los atributos de la original narrativa del japonés.

Los elementos son clásicos: dos tramas paralelas que se van aproximando, dos personajes perfectamente caracterizados y, otra constante en los relatos de Murakami, descontentos o desubicados en su entorno social o personal, elementos mágicos o misterioros, difíciles de encuadrar en el mundo de las religiones, y un tempo perfectamente regulado, que se va acelerando. También aquí, como en otros libros de la misma pluma, el final es desconcertante, por aparentemente incompleto.

El matemático y novelista Tengo, asistente de un directivo de una editorial, recibe el encargo de reescribir una novela fantástica de una escritora novel y disléxica. La fisioterapeuta Aomame, que realiza operaciones especiales por encargo de una enigmática millonaria que combate la violencia doméstica, se tiene que enfrentar a una misión ambiciosa.

El autor es capaz de llenar cientos de páginas con un lenguaje llano (aquí me tengo que limitar a evaluar la traducción, lógicamente) y una trama lineal, fácil de leer, que capta de inmediato la atención del lector. Éste es sin duda uno de los rasgos característicos de Murakami, unido a una cierta obsesión por el sexo en muchas de sus novelas. El que espere un remake o, al menos, una profundización de la clásica novela de Orwell se verá decepcionado. No así, en cambio, los numerosos fans de Murakami.

La segunda parte del libro, publicada recientemente, no añade mucho. La figura de Ushikawa, el detective contratado por Vanguardia, una misteriosa organización religiosa, para encontrar a Aomame, añade un tercer punto de vista en los relatos alternados que conducen a un fin esperado.

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