Trilogía de la ciudad blanca, Eva García Sáenz de Urturi

Están a punto de estrenar en cine la primera novela de la trilogía ambientada en Vitoria de Eva Gª Saenz de Urturi El silencio de la Ciudad Blanca. Los otros dos títulos son Los ritos del agua y Los señores del Tiempo.

Cuando leí El silencio de la Ciudad Blanca, me entusiasmé, pero decidí aplazar la reseña en este blog hasta leer las otras dos novelas, que la autora ya había anunciado. Terminé la tercera, nada más publicarse, y volví a pensar en la reseña, pero decidí aplazarlo para cuando me jubilara, ya que sólo me quedaban unas semanas; y cuando me jubilé, pensé que ya hacía algún tiempo que había leído la saga y quizás se había enfriado algo el entusiasmo. Así que ahora que van a estrenar la película, voy a lanzarme, no sea que encuentre otra excusa para ser perezosa.

Y realmente no sé por qué he esperado tanto, porque la saga es tan interesante que no cuesta nada comentarla. La autora es una enamorada de su ciudad, que sabe escribir y que engancha al lector en la trama desde el primer momento. Haciendo un análisis de las tres novelas, todas ellas tienen tres patas, las mismas tres: la pata histórica, la pata social y la pata argumental.

La pata histórica resalta en cada novela una parte de la ciudad de y otros lugares emblemáticos del país vasco; y no sólo los lugares, sino también su simbología y sus leyendas, en particular los restos medievales, pero no sólo ellos. La pata social nos muestra una Vitoria hermética, cerrada, llena de costumbres inmóviles a través del tiempo donde el centro de la vida social es la cuadrilla, ese grupo que se forma en la adolescencia y que se convierte en piedra por lo inamovible, imposible de moldear después y, en ocasiones, piedra de molino, ya que, a pesar de tener virtudes incuestionables como la lealtad, no permite la evolución personal ni consiente la crítica. La pata argumental coincide -o se inspira, quizás- en la novela negra escandinava, de Camilla Lackberg, por ejemplo, (en mi opinión), ya que se basan en un principio que, en algún caso, también utiliza Agatha Cristie (y ya sé la mezcla que estoy haciendo, pero hay estructuras argumentales que funcionan). Y este principio es muy bíblico: Los viejos pecados tienen largas sombras.

El último detalle a reseñar en estas novelas es el punto de vista de la autora, que se separa de un punto de vista masculino en la misma trama: Mientras que en las novelas de detectives, policías, guardias civiles, etc escritas por hombres (Lorenzo Silva, Domingo Villar, el Toni Romano de Juan Madrid, el Carvalho de Vázquez Montalbán), los protagonistas no tienen vida, en esta trilogía de La Ciudad Blanca, como también en las novelas de Elizabeth George,  Lindsay Davis o Camilla Lackberg, también género policíaco, los detectives, profesionales o no, hombres o mujeres, practican una máxima: Hay vida después del trabajo.

Y no quiero hacer espoiler, pero en la última novela de la trilogía se plantea un dilema trabajo/vida que se resuelve de un modo que, a mí, me cuadra.

Y el que quiera saber más, que los lea. No le van da durar mucho en las manos.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
Esta entrada fue publicada en Novela y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario