Sabotaje, Arturo Pérez-Reverte

Este libro es la tercera entrega de la serie de novelas de espionaje con Lorenzo Falcó como protagonista. El autor ha escrito, y por tanto no es ningún secreto, que el personaje y el estilo de las novelas le gustan. Después de las andanzas de Alatriste y su protegido, que nos introdujeron en el mundo del funesto (para los intereses de España) siglo XVII, las misiones de espionaje en el sentido más amplio que se encomiendan a Falcó nos acercan a la periferia de la Guerra Civil, con todo el tejemaneje sucio de las dos partes combatientes y de las grandes potencias que, como es sabido, utilizaron la contienda española como tablero de ajedrez para combatirse mutuamente y preparar la gran carnicería que llegaría en 1939. Un tablero de ajedrez con personas reales, españoles de los dos bandos, sea por convicción, sea por mera casualidad.
Lorenzo Falcó es una mezcla de profesional del espionaje y un cínico Don Juan, que acierta siempre con la palabra adecuada para caer bien a todo el mundo (sobre todo a las mujeres), y que se mete en las situaciones más comprometidas consciente de que, en algún momento, puede dejar de tener suerte. En la tercera entrega, el encargo es doble: conseguir desacreditar a un ex-combatiente francés de alto prestigio que hace propaganda contra el bando de los sublevados, y evitar que el Pablo Picasso completara el Guernica, cuadro que realizó por encargo para la Exposición Internacional en París.
La caracterización de la persona de Falcó y de muchos de los personajes secundarios esta muy conseguido, si bien no faltan las exageraciones habituales. También el ambiente de París en ese periodo. El libro se lee con gusto, a pesar de que el autor se siente obligado a introducir escenas de sexo. Cada uno tiene sus gustos, pero a mí personalmente me parece que sobran.

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