Donde los escorpiones, Lorenzo Silva

Cuando leí La marca del meridiano supuse que Silva estaba pensando en jubilar a su pareja de guardas civiles Bevilacqua y Chamorro. La composición básica esbozada en las primeras entregas de esta serie no da para mucho más, salvo que se quiera hacer la trama criminal demasiado enrevesada y poco creíble. Lemaitre, por ejemplo, ha dado término a su serie de novela negra en torno al investigador Camille Verhoeven tras sólo cuatro obras.
Pero no ha sido así, y por buenos motivos. Los cuerpos extraños y esta nueva novela aportan un matiz distinto. Lorenzo Silva combina sus protagonistas clásicos con nuevas incorporaciones a la brigada picoleta y los sitúa en entornos o tesituras actuales, como la corrupción político/inmobiliaria en la anterior novela y la misión de paz de nuestro ejército en Afganistán.
Nuestro subteniente recibe un encargo especial: investigar en colaboración con la policía militar un presunto asesinato en la base militar de Herat. Se trata de una base compartida con los italianos y los estadounidenses. Un entorno cerrado rodeado de hostilidad real con nuevas dificultades administrativas y procesuales.
La trama en sí resulta un poco artificial y al límite de la credibilidad. No obstante, el oficio de Silva, la «vida propia» de sus personajes y detalles poco conocidos sobre una misión de este tipo hacen que el libro no resulte largo. Además, yo veo la novela más bien como homenaje y muestra de solidaridad con el pueblo afgano y con los militares que recalan y se juegan la vida en este inhóspito país por sentido del deber, por razón de un trabajo como otro cualquiera o por motivos humanitarios. Aunque sea sólo por eso vale la pena leer esta novela.

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