Dispara, yo ya estoy muerto, Julia Navarro

Esta novela recoge el modelo de «Dime quién soy», y emprende un recorrido histórico que nos lleva desde el final del siglo XIX, los pogromos en el imperio ruso y la antesala de la revolución blochevique hasta 1948, año en que se desató la primera gran guerra entre los judíos y los palestinos al retirarse los ingleses y, con ciertos saltos, hasta nuestros días.

Protagonistas son la familia Ziad, palestinos que cultivan una pequeña huerta al oeste de Jerusalén, y la familia de Samuel Zucker, judío ruso que se vio obligado a huir de San Petersburgo y después de muchos otros sitios. Huyendo de los rusos, Samuel llega a Palestina, en donde entabla amistad con el patriarca de la familia Ziad y funda una comunidad judía en su misma parcela.

A lo largo de los relatos que intercambian Ezequiel Zucker, hijo de Samuel, y Marian Miller, una cooperante que llega a Jerusalén con encargo de escribir un informe, vamos conociendo a los Zucker, a sus amigos Goldanski, aristócratas de origen medio judío, a los dirigentes árabes de la Palestina bajo dominio otomano, y a muchas otras personas que van relacionándose con ambas familias. No siempre es fácil retener los nombres de los personajes, y distinguirlos de personas reales que, como es habitual en Julia Navarro, pasan por el relato como otros personajes más: Faysal, Lawrence de Arabia, criminales nazis, el siniestro Dr. Mengele, etc.

El libro pierde algo de tensión a lo largo de las 650 páginas, que recupera al final, con un desenlace más sorprendente que en «Dime quién soy». Si alguien no conoce la trágica historia del pueblo palestino, que no ha poseído nunca un Estado propio, y el movimiento sionista, encontrará aquí informaciones bastante fidedignas.

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