La ciudad de las luces muertas, David Uclés


Esta novela de David Uclés es anterior a La península de las casas vacías. De hecho, ya había recibido un premio cuando salió al mercado su disparatada historia enmarcada por la guerra civil española. Hay quien denomina a este tipo de escritura realismo mágico, un género literario nacido en Sudamérica en la segunda mitad del siglo XX, y que incluye a escritores de la categoría de García Márquez y Cortázar, entre otros. Se podría incluir también en este género a Haruki Murakami, si bien aquí los elementos mágicos asumen un mayor protagonismo en la trama. Cuando leí La península de las casas vacías pensé que podría incluirse con calzador en esta categoría, a pesar de que los elementos mágicos deberían considerarse más bien absurdos o incluso aberrantes. Ahora pienso que es un fenómeno literario diferente, sin querer juzgarlo. Por otro lado, la trama jandulense y la pretensión de rigor histórico e imparcialidad con que se ha comercializado la «Península» la distinguen claramente de la novela objeto de esta reseña.
La trama de La ciudad de las luces muertas se limita a un accidente cósmico protagonizado o propiciado por una Carmen Laforet veinteañera quien, en el periodo de la posguerra, escribe una poesía con efectos mágicos en la que desea la noche para Barcelona, y lo consigue. La ciudad entera se queda encerrada en un muro de oscuridad y carente de luz, tanto natural como eléctrica. En ese curioso escenario aparecen numerosos personajes relevantes para la historia de Barcelona, desde Gaudí y Eduardo Mendoza hasta Picasso, Dalí y muchos otros artistas, políticos, empresarios, etc. La ciudad sufre un bombardeo con todos los proyectiles que cayeron en la ciudad durante la guerra, y un grupo de intelectuales se reúnen en el convento de los capuchinos para intentar salvar la ciudad de si desaparición.
A partir de un momento, el «vale todo» de la trama despega totalmente de cualquier apoyo lógico, de manera que el lector se puede limitar a reconocer a los famosos y famosillos que van surgiendo, a consultar algo en Wikipedia para poder situarlos y a esperar pacientemente a que la trama se cierre, lo que hace sin gran aspaviento. ¿Postverdad? ¿Surrealismo? ¿O algo completamente diferente, que quizás no he comprendido? En cualquier caso, no cabe duda que habrá protagonistas de la historia reciente de Barcelona que estarán enfadados por no salir en las páginas de esta narración.
En definitiva, no es una novela que yo recomendaría al lector convencional. Si alguien quiere conocer a este original autor y entender cómo ha trepado a la ola mediática en la que surfea, al menos tiene el consuelo de que tiene la mitad de páginas que la «Península». Entre lo mejor de la novela cabe destacar la vistosa portada.

La opinión de los demás, que no coincide necesariamente con la mía:

«Me ha gustado una barbaridad. Un desfile de personajes para mí muy entrañables y ya desaparecidos.» Eduardo Mendoza
«Imaginativa. Original. Divertida. Inesperada. Felizmente imperfecta.» Pere Gimferrer
«Ha sido toda una experiencia la lectura, me he metido a fondo en una Barcelona surrealista. He disfrutado el viaje compartiendo la aventura con mi madre, Carmen Laforet.» Cristina Cerezales Laforet

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