Coloquio de invierno, Luis Landero


A Luis Landero le encanta contar historias. Como a Sherezade, como a los confinados del Decamerón y como a muchos escritores de fama. En Coloquio de invierno, los narradores son siete huéspedes de un hotel durante la famosa tormenta Filomena. Al no poder continuar su viaje en medio de la nevada, y después de agotar otras posibilidades, deciden narrarse mutuamente historias propias o ajenas, verdaderas o inventadas. A su grupo se suman pronto los hospederos. Las diferencias entre los narradores se reflejan en sus historias, si bien podría haberse esperado más diversidad en el estilo narrativo de los ponentes.
Como suele suceder con las obras de Landero, las críticas han sido eminentemente positivas. Los motivos son conocidos: su prosa es elegante y rica, quizás un tanto ampulosa en algunos casos, su imaginación es desbordante, sin separarse por ello de una cierta verosimilitud, y los personajes son generalmente realistas, aunque con una cierta tendencia a la uniformidad. En sus primeros libros, en especial, los protagonistas solían ser perdedores, hombres no realizados en búsqueda de una notoriedad utópica.
Los relatos de Coloquio de invierno son en general bastante originales, bien elaborados a pesar de la brevedad obligada y, en algunos casos, incluso entrañables.
En pocas palabras: una lectura costumbrista obligatoria para los seguidores de este escritor extremeño, al que algunos consideran incluso un candidato al Premio Nobel.

La opinión de los demás:

«Si hay un valor seguro en la actualidad literaria española es la prosa, son las historias, de este escritor extraordinario.» Fernando Aramburu
«Un pedazo de escritor que crece y crece, cuando creíamos que era ya suficientemente grande.» J.M. Pozuelo Yvancos, Abc Cultural

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