Betibú, Claudia Piñeiro

En una casa había una vez un monstruo, y los habitantes de la casa fueron pasando de habitación en habitación, según el monstruo iba invadiendo espacios, hasta que, cuando se quedaron sin espacio, salieron de la casa, echaron la llave y la tiraron por una alcantarilla para que nadie pudiera abrir la puerta al monstruo por error. El monstruo era la dictadura militar y los habitantes de la casa los argentinos exiliados. Así nos contó el cuento de Cortázar «Casa Tomada» el poeta Félix Grande en el Ateneo de Madrid allá por 1984, en un homenaje al autor recién fallecido.

Y algo parecido hace Claudia Piñeiro en sus dos novelas «negras», «Las Viudas de los Jueves» y «Betibú», ambas sobre la nueva clase social argentina, los millonarios emergentes: los encierra en sus propios guetos, y tira la llave. Pero hay un recorrido: La primera novela, «Las viudas de los Jueves»  está situada en la urbanización Altos de la Cascada, un lugar paradisíaco donde los nuevos ricos se libran de codearse con  los menos afortunados. La segunda, en «La maravillosa», otra urbanización (country, lo llaman en argentino) igual de exclusiva. En «Altos de la Cascada» se define el nuevo orden argentino con comentarios como éste:

Es que el error de muchos de nuestros vecinos fue creer que se podía vivir eternamente gastando tanto como se ganaba. Y lo que se ganaba era mucho, y parecía eterno. Pero algún día se corta el chorro, aunque nadie lo hubiera sospechado hasta no verse enjabonado en medio de la bañadera, mirando hacia la flor de la ducha de donde no cae ya ni una gota de agua.

Pero en este desconcierto, porque todavía estamos en 2010, aún hay algo de confusión, y así, convive una familia «normal» con el resto de vecinos. Una familia que da pie para plantear el dilema moral entre hacer lo justo o seguir las reglas de los privilegiados, con una clara disyuntiva entre «pertenencia» y «no pertenencia» al club de los escogidos. Una familia que, una vez escogido el camino, se marcha del «country» a toda prisa, sobrecogidos por el miedo y sin mirar atrás.

«Betibú» está ambientada en 2012, en otro country similar, «La Maravillosa». Pero aquí ya está todo asentado: el nombre es más revelador que «Altos de la Cascada», el vecindario ha conseguido imponer sus propias reglas -a todas luces ilegales- con los extraños, nadie que no sea cómplice del entorno vive allí. La protagonista viene de fuera, ya que le prestan la casa un fin de semana para un reportaje «de color», como los llama Maruja Torres: Se trata de captar el ambiente que se respira entre los vecinos después de un misterioso suicidio. Y, ya desde el principio, choca con las peculiares reglas impuestas a «los de fuera», ejemplificadas en el control de la entrada, ridículo a fuer de exahustivo, pero también humillante con los extraños, los sirvientes, todos los que no sean de la «casta».

Betibú aprovecha su estancia en «La Maravillosa» para ajustar cuentas con la parte de su vida que ha colisionado con ese mundo del poder, el dinero y la falta de escrúpulos. Y toma su decisión,  que, no sé si consciente o inconscientemente, es la misma del cuento de Cortázar: que se queden en sus guetos, que nosotros seguiremos felices con nuestra vida normal de personas de la calle.

Siendo argentina Claudia Piñeiro y siendo Cortázar un autor fundamental de la literatura universal, creo que las similitudes están, o buscadas a propósito, o tan interiorizadas que le han salido sin querer; pero en ningún caso ha sido una casualidad. La parábola de «Betibú» no es tan radical ni tan amarga como «Casa Tomada», pero plantea igualmente la imposibilidad de convivir con según qué gente con qué ambiciones y/o escrúpulos, y la necesidad de no contaminarse. Porque ni nos parecemos, ni queremos parecernos.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
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Una respuesta a Betibú, Claudia Piñeiro

  1. Javier dijo:

    Todo lo que dice Isabel es verdad, pero Betibú da para mucho más. Es también una oda al periodismo de toda la vida, el de la calle y el Café, encarnado en un redactor de Policiales, como llaman ahí a esta sección.

    Desde luego, ambos libros son recomendables.

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