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Delphine de Vigan está de moda. Esta escritora ha alcanzado un gran éxito con algunas de sus obras más recientes. Convence, entre otros, por un estilo peculiar, ágil e intimista al mismo tiempo, y por la selección de temas. Uno de ellos es la influencia, positiva o negativa, que los padres tienen en el desarrollo de sus hijos. La autora combina en esta obra advertencias acerca de la vida irreal en un mundo digital, la ambición de los padres y el uso o abuso que hacen de sus hijos para conseguir determinados objetivos, así como la relevancia que tienen las decisiones que se toman una vez.
Dos mujeres protagonizan la narración y son presentadas en las primeras páginas. Clara, hija de padres intelectuales, renuncia a las expectativas de estos y decide hacerse policía. En poco tiempo encuentra su lugar en la brigada criminal de París. Melanie, desde pequeña, sueña con hacerse famosa mediante su participación en un reality show. A pesar de un fracaso inicial, no renuncia a su empeño y descubre después de casarse con Bruno una nueva oportunidad: un canal de YouTube, en el que muestra escenas de la vida de su familia: ella, su marido y sus hijos Sammy y Kimmy. El éxito alcanzado por sus vídeos se traduce pronto en contratos con empresas que desean colocar sus productos en las escenas familiares que, gracias al talento de Melanie, reciben cada vez varios millones de visitas. A medida que fluye el dinero aumenta la dedicación de Melanie y, a su arrastre, del resto de su familia. Todo parece ir de maravilla hasta que un día su hija Kimmy desaparece. El posible secuestro llega a la comisaría, en donde Clara se ocupa del tema.
La novela no termina con la trama policíaca, sino que prosigue más de una década después, cuando Kim se pone en contacto con Clara para intentar recomponer su vida. Excelente novela, muy actual y relevante.
Opiniones ajenas:
«Una novela vertiginosa… Un thriller cautivador al estilo de El show de Truman. De Vigan cambia de género con virtuosismo, pero mantiene la misma sensibilidad» (Olivia de Lamberterie, Elle).
«Un retrato potente, agrio y necesario de nuestra sociedad» (Nathalie Crom, Télérama).
«Una arquitectura narrativa adictiva, una intriga muy bien documentada, una escritura delicada» (Anna Cabana, Le Journal du Dimanche).
«Una novela extralúcida sobre nuestro mundo… Su modo de cuestionar el presente y el futuro impresiona» (Philippe Chevilley, Les Échos).
«Me ha apasionado y aterrado… Una novela formidable» (Anne-Élisabeth Lemoine, C à Vous).
«Un estilo preciso y eficaz que nos arrastra en una sorprendente pirueta» (Baptiste Liger, Lire).
«Pavorosa y fascinante» (Amélie Cordonnier, Femme Actuelle).
«Deslumbrante, necesaria y original» (Mohammed Aïssaoui, Le Figaro).
«Sombría y apasionante» (Élisabeth Philippe, Le Nouvel Observateur).
«Una novela extraordinaria» (Bernard Lehut, RTL).
Para mí, hay que leerlo por la actualidad del tema y por la profundidad psicológica de los personajes, que están muy bien construidos. La autora empatiza con todas las partes, con las aristas del tema, además de avisar seriamente sobre la proliferación de enfermedades mentales ligadas al abuso de las redes sociales. Pero quizás lo que más miedo me ha dado -porque me ha dado miedo- es el modo en que De Vigan se fija y logra transmitir cómo «el algoritmo» se fija en las debilidades psicológicas de los protagonistas (en esta novela, la madre) para aprovecharlas a su favor. Porque De Vigan empatiza tanto con todos los actores de la trama que el papel de malo sólo lo puede tener el algoritmo, el ente externo. Todos los «humanos» son «humanos», esto es un 1984 moderno. Pero yo sólo he llegado a esta conclusión cuando he llegado al final. A lo mejor estoy equivocada