Tantos días felices, Laurie Colwin


Me recomendaron esta novela con las siguientes palabras: una novela para desintoxicar de la literatura-guión, de la literatura frenética y de la literatura pesimista. Empecé a leerla, más por confianza en quien me había hablado de ella que por la presentación en Amazon. ¿Una historia de amor a lo Jane Austen en los Estados Unidos? ¿Un análisis costumbrista de americanos neuróticos? El argumento final fue el número de páginas. Me dije: en el peor de los casos, 163 páginas pasan rápido.
Nada más empezar a leer, el argumento y el estilo me convencieron. Guido y Vincent, dos primos muy diferentes, acaban la universidad y comienzan a trabajar. Guido es como Malaquías, lamentándose sin cesar de su sino, mientras que Vincent ve siempre y espera siempre lo positivo. Tras diversos escarceos, cada uno de ellos conoce a la mujer con la que quiere casarse. Holly, la elegida por Guido, es organizada, eficaz y tiene un carácter impenetrable. Misty, colega de Vincent antes de convertirse en su esposa, combina la misantropía con un carácter combativo, que no concibe la vida sin tener que imponerse a un entorno enemigo en una lucha sin fin de clases y razas.
Si a esto se suman algunos parientes y amigos de las dos parejas se dispone de suficiente materia para escribir una novela atractiva, que no necesita un comienzo ni un final definidos, en la que se disfruta de las penas y las alegrías de los personajes sin necesidad de una excesiva implicación personal. Además, a diferencia de Jane Austen, a Laurie Colwin no le importó acortar la novela a una longitud que deja sabor a más. Recomendable.

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