Ardor guerrero, Antonio Muñoz Molina

En comparación con los otros libros de Muñoz Molina, este relato resulta descarnadamente autobiográfico. Cualquiera que haya «hecho la mili» en la asombrosamente pacífica época de la transición política de España y tenga un mínimo de sensibilidad reconocerá en cada página de este libro escenas, vivencias, sentimientos e indignaciones propios.
No es propiamente una novela costumbrista, y tampoco una crítica antimilitarista. Es mucho más. Es la descripción objetiva de un mundo irreal que comenzaba con la enajenación de los quintos de su entorno natural, seguía con su iniciación en ritos ancestrales de dominio y sumisión y desembocaba en un conglomerado de automatismos, miedos y esperanzas que, a la vuelta de los años, se vuelten improbables.
He disfrutado con este libro y no lo he soltado de las manos hasta acabarlo. Da la impresión que Muñoz Molina lo ha escrito para saldar una deuda consigo mismo, la de haber sido durante un tiempo un peón más de aquel sucedáneo de milicia y para contestar a una pregunta: ¿cómo es posible que una persona inteligente y sensible llegue a convertirse en un guripa, un conejo y un abuelo resabiado y ansioso que ya sólo espera «la blanca»?

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