El cuento de la criada, Margaret Atwood


Un éxito programado: se toma una novela con argumento abierto y se planifica una serie de 36 episodios, lanzando una gran campaña de marketing. La autora de la novela original, que en realidad no tiene mucho que ver con la serie, escribe una nueva novela para atar cabos en la trama y beneficiarse por partida doble del éxito comercial de la serie. No lo digo como critica, sino como descripción. Yo no he visto la serie, aunque hay suficientes posibilidades de verla en Internet, y tampoco la película original de 1990. La novela, escrita en 1985, asume muchos elementos de otras distopías, como Un mundo feliz o 1984. La novela comienza con la acción, y va añadiendo explicaciones y recuerdos (“reconstrucciones” según la narradora en primera persona del relato) para componer una visión de la sociedad de Gilead, en el antiguo territorio de los Estados Unidos. La acción está situada en un futuro cercano (desde la perspectiva de 1985), y mezcla elementos modernos, incluyendo ordenadores y automóviles, con elementos arcaizantes que forman parte de las creencias de la “secta”. El control total de los ciudadanos, los castigos, la carencia, la supresión de recursos culturales, incluyendo la historia y la literatura, y una escala de privilegios son elementos comunes con otras distopías conocidas.
Desfred (la criada de Fred, según la denominación gileadiana) es fértil, por lo que es separada de su hija y su amante y asignada como procreadora a un “comandante”, cuya esposa legal Serena no puede tener hijos. Otra criada (Desglen), con la que comparte tareas, le desvela que existe una especie de Resistencia, denominada Mayday por la clásica llamada de emergencia. A partir de ahí nace el deseo de Desfred de cambiar su situación, aunque el resultado pueda resultar fatal… La novela permite diversas lecturas e interpretaciones. La línea feminista de la actual serie es una de ellas.

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