Novelas enormes, enormes fiascos

Voy a comentar algunas novelas que he leído últimamente, de esta moda de novela larga, muy larga, para leer en largas tardes de domingo o de cuando sea, pero que no se pueden llevar en el metro.

La primera de esta serie larga fue La leyenda del ladrón (Juan Gómez-Jurado), pero no coincido con la opinión de Javier, como viene siendo habitual. Me picó la curiosidad el principio, con la referencia a Cervantes, así que seguí; creo que lo más difícil de los libros es empezarlos y terminarlos bien, lo del medio es cuestión de tiempo para que te vayan surgiendo ideas de relleno. Pero fue decepcionante, porque, aunque empieza con cierta intriga, luego es fantasioso, y, sobre todo, poco sorprendente; todas estas novelas con tantas páginas que ahora están de moda suelen adolecer de falta de ideas del autor, que se dedica a los lugares comunes: en ésta, el prota derrota a enemigos poderosísimos, y se hace amigo de Lope y Shakespeare, si no recuerdo mal (inverosímil, como dice Javier); pero en Las voces del Pamano (Jaume Cabré), otra novela enorme por larga, no por buena, todos los personajes que son del bando nacional de la guerra civil están acartonados, son estereotipos (ésta también la comenta Javier, y tampoco coincidimos en nada, así que, si alguien lee esto, no puede decir que este blog no es plural); y en La ley de los justos, de Chufo Llorens, (otra enorme), los anarquistas son odiosos, pero los señoritos también, y eso tampoco es óbice para que el prota venza a enemigos poderosísimos y consiga cosas imposibles (qué casualidad); y en Dime quién eres (Julia Navarro), los lugares comunes se apiñan que casi no caben, y eso que también tiene páginas: la historia de la burguesita rebelde que se hace espía y se enamora del nazi espiado (entre otras historias).

Hay una, sin embargo, que, aunque también tiene algún episodio inverosímil, está mejor con diferencia: La última confidencia del escritor Hugo Mendoza ( Joaquín Camps) tiene aventura, ritmo, intriga y personajes creíbles (aunque hay algún@ mal@ malísim@  traíd@ por los pelos o estereotipad@). Sólo se echa de menos que le falta un hervorcito a la calidad literaria, aunque sólo uno pequeño. En resumen,  se lee bien, y no hay que buscarse ocupación para unas cuantas tardes.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
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Una respuesta a Novelas enormes, enormes fiascos

  1. Javier dijo:

    Coincido con Isabel en que coincidimos raramente en nuestras apreciaciones. Últimamente hemos coincidido en Territorio comanche, creo. Por cierto: no le leído Las voces del Páramo de Cabré (aunque la tengo por aquí para hacerlo), sino Yo confieso, la obra que le hizo famoso. Los lugares comunes tienen una ventaja, y es que uno se siente cómodo leyendo. Hay lugares tan poco comunes que no dejan espacio a ningún lector medianamente impaciente…

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