El último tuareg, Alberto Vázquez-Figueroa

El original, escrito hace tres decenios por este mismo autor, es un libro inolvidable. Una novela que engancha, que introduce en un mundo desconocido y que se lee y relee con gusto. El remake, que he comenzado a leer con ansia y con grandes expectativas, me ha decepcionado un poco.

Gacel, el protagonista de la nueva narración, comparte con su antepasado el nombre, un código de valores y tradiciones y una voluntad aparentemente indestructible. Camionero de profesión, se ve involucrado en una lucha contra los «falsos» profetas del islam, los yihadistas que intentan crear un estado islámico al sur del desierto más grande del mundo y que no dudan en masacrar a cualquiera que no comparta sus creencias. Frente a él se encuentra un grupo de mercenarios que pudo escapar a tiempo de Libia antes de la muerte del dictador.

Vázquez-Figueroa pone en boca de los protagonistas sus propias opiniones e informaciones del dominio público, de un modo con frecuencia artificial, que quita frescura y espontaneidad a la narración.

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