Las llanuras del tránsito, Jean M. Auel


La cuarta entrega de la serie Los hijos de la Tierra de la antropóloga Jean M. Auel sigue los viajes de Ayla, la joven cromagnon que fue criada por los neandertales, a los que ella y ellos mismos llaman Clan. Ayla y Jondalar deciden finalmente abandonar el campamento de los Mamutoi en el norte de la actual Ucrania y dirigirse a la patria de Jondalar, los llamados Zelandonii, en la región de la Dordoña. El recorrido es largo y peligroso, pues tienen que atravesar regiones habitadas por otras comunidades y cruzar en invierno un enorme glaciar que se extiende desde los Alpes occidentales hasta las llanuras al este del Lago de Constanza. La pareja va acompañada de sus amigos animales, es decir, los dos caballos y el lobo.
La novela, relativamente larga y repetitiva, va describiendo el modo en que los dos sapiens atraviesan ríos, almacenan y conservan comida, se relacionan con los demás sapiens y neandertales que encuentran en su camino y liberan incluso de su semiexclavitud a los hombres de una caverna dominada por una tirana y sus seguidoras, que se autodenominan lobas.
En su periplo sacan partido a sus inventos, como el lanzavenablos, las piedras sílex, las herramientas talladas por Jondalar y las prendas y los utensilios para el hogar elaborados por Ayla. Esta última sigue desarrollando por su cuenta ideas acerca de la medicina, la reproducción humana y la igualdad de hombres y mujeres, si bien conserva y sigue apreciando su educación entre los miembros del clan, especialmente sus conocimientos de medicina.
Tengo que decir que la novela, aunque bien escrita y traducida, se hace un poco larga y pesadas. Las descripciones de la botánica y los animales que poblaban esa región de la tierra en la época de la última glaciación son en sí interesantes, pero no bastan para dar más emoción a la novela. Dejaré pasar algún tiempo antes de afrontar las dos últimas entregas.

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