El caudal de las noches vacías, Mercedes Salisachs

Obra valiente y lograda de esta veterana escritora, que demuestra una vez más que, a sus años y con su trayectoria, no tiene por qué rendirse a tendencias literarias, a supuestos consensos en la opinión pública ni a lo que se supone que es políticamente correcto.

Salisachs tiene una prosa propia, cuidada y elegante. En esta obra utiliza un estilo más reflexivo, algo repetitivo, que reproduce de algún modo la deriva interior del protagonista, sus luchas, sus dudas, su desesperación y su relación con Dios. La narración alterna un monólogo en primera persona, que deriva a veces en una oración interior, con un relato externo de los hechos, tanto cronológico como de la situación actual del protagonista al comienzo y al final de la novela.

Guillermo es sacerdote, coadjutor en una parroquia de Barcelona, con dotes literarias y don de palabra, comprometido con su labor pastoral. Lidia, una millonaria de mediana edad que tiene un palacete frente a la iglesia en donde Guillermo desarrolla su labor sacerdotal, decide encomendarle la formación espiritual de su hijo Darío. Así nace una relación que, en palabras del protagonista, «le causa un cierto desasosiego» y amenaza con derrumbar las columnas en que se basa su vida. A través  de Lidia, Guillermo llega a conocer un mundo muy distinto del suyo, tanto en España como en Roma, y va experimentando cambios en sus prioridades.

Salisachs toma partido e intenta describir la lucha interior del sacerdote. Los sentimientos y las razones de Guillermo, en quien la vocación sacerdotal se centra en un compromiso y en un deseo de transmitir contenidos, se distinguen de los de su amigo Esteban, que busca una relación más personal con Dios. Muy recomendable.

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