La ciudad y sus muros inciertos, Haruki Murakami

La ciudad y sus muros inciertos es la historia de un hombre que busca su lugar en el mundo, pero lo busca desde su interior, con lo que su vida «externa» es rutinaria, anodina y aparentemente inútil, en tanto que la nostalgia de una vida plena va aumentando hasta que, en cierto modo, logra compaginar ambos mundos fusionando «desde el interior». Pero, en tanto llega esta «fusión», Murakami escribe como habla, y habla de lo que sabe, que no sólo es la vida cotidiana sino también la vida interior y la verdad poética de lo real, con un lenguaje cercano y perfecto para mí, que no me gustan nada los adjetivos y mis grandes maestros son Delibes, que también escribe con sustantivos, y la generación perdida americana, que tampoco es muy aficionada a «colorear» la realidad con adjetivos.
Así que Murakami ataca la escritura sin florituras, pero con una dosis increíble de poesía en todas y cada una de las páginas de la novela, que no es corta. Y aquí van dos ejemplos:
«La fina y plácida lluvia de otoño, sin principio ni fin en una noche sin estrellas ni luna, nos cala y no tiene visos de cesar, el viento no sopla, no nos empuja, no se oye el canto de ningún ruiseñor. Desde las delgadas y alicaídas ramas de los sauces de la isleta del río se precipita al suelo un interminable y ordenado desfile de gotas» (pág 61)
«…El sol de poniente trajo consigo un viento gélido, mensajero implacable del retorno de los rigores del invierno. Caminé hacia la estación con ambas manos hundidas en los bolsillos del abrigo, imaginando, sin motivo alguno, a Borodin en su laboratorio, inmerso en complejas reacciones químicas al mismo tiempo que hermosas melodías brotaban de su cabeza«. (pág 458)
Podría resaltar también coincidencias con la literatura europea (la leemos demasiado bien para no pensar que está muy occidentalizada ), como la dualidad cuerpo/sombra, que es prácticamente lo que hace Italo Calvino en El vizconde demediado, aunque esto sólo es un ejemplo (hay más).
Resumiendo, no sólo una lectura muy recomendable, sino una lectura para hacer en silencio en una tarde tranquila levantando de vez en cuando la vista para dejarse llevar por lo que acabamos de leer, pero no para entenderlo, sino para sentirlo. Como leer poesía.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
Esta entrada ha sido publicada en Novela y etiquetada como . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta