La ladrona de libros, Markus Zusak

Viviendo en Alemania, los libros que tratan del tercer Reich y de la segunda guerra mundial corren el mismo peligro que los libros sobre la guerra civil en España: existe una gran saturación en el mercado. La ventaja al hablar de los nazis es que no hay riesgo de herir susceptibilidades. Aquí está claro quiénes son los buenos y los malos.

Las seis millones de víctimas civiles en Alemania y las zonas ocupadas por la Alemania de Hitler son seis millones de historias individuales, trágicas, que merecen respeto. Y muchas de ellas merecen también ser contadas. En este libro aparece como figura secundaria pero decisiva para la trama Max Vandenburg, un boxeador judío que, después de permanecer oculto durante unos años, es internado en el campo de concentración de Dachau junto a Múnich y sobrevive los últimos meses de la guerra hasta el rescate por los americanos.

El personaje principal es Liesel Memminger, hija de padres comunistas que es acogida en un pueblo ficticio cercano a Múnich por el matrimonio Hubermann, Hans y Rosa. Liesel es una niña muy sensible que, a medida que aprende a leer, va apreciando la importancia que tienen las palabras: tanto en las relaciones mutuas como en la propaganda política. El narrador, que adquiere importancia al comienzo y al final del libro, desapareciendo en un segundo término durante el resto, es la muerte, muy ocupada durante los años de la gran contienda.

El libro no carece de tópicos, casi inevitables al hablar de este tema procesando recuerdos de seres queridos. Refleja bien el ambiente de miedo, de odio y de resignación de los años de la guerra, con sus alistamientos forzosos, los bombardeos, la propaganda, las juventudes hitlerianas…

La traducción al español conserva los términos alemanes o medio alemanes del original inglés, como Saukerl o “heilhitleriar” lo que da un toque divertido al lenguaje.

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