
Durante este año he leído muchos libros de autores y autoras japoneses. En parte, ha sido por casualidad. Por ejemplo, por encontrar una reseña en uno de los blogs que sigo, por darme cuenta de que un libro recomendado forma parte de una pentalogía o por descubrir un audiolibro en la biblioteca municipal de Madrid, que me descargo para escuchar durante mis paseos por el bosque. Así llegó a mis manos y mis oídos esta preciosa novela, más bien una fábula, de Sanaka Hiiragi.
La autora, de unos 50 años de edad, da clases de japonés y ha escrito varios libros, ganando de inmediato importantes premios en su país. Su estilo de escritura sigue las pautas de muchos escritores japoneses actuales: trama lineal, sin grandes sobresaltos, violencia ni sexo, descripciones breves que no interrumpen el ritmo pausado, personajes muy variados con corazón, sin caer nunca en el sentimentalismo.
El libro, que consta de tres historias relacionadas entre sí en algunos detalles, se centra en Hirasaka, que regenta un estudio de fotografía por el que pasan personas que acaban de dejar este mundo. Es decir, que han muerto. En este estudio, una vez aceptada su situación, tienen que elegir una foto de cada año de vida, y verlas a continuación en orden cronológico antes de continuar su camino hacia el más allá. Este más allá no obedece a una descripción exclusiva, sino que combina elementos budistas y taoístas con conceptos cristianos.
La primera persona que pasa por el estudio es una anciana de 92 años, antigua maestra de primaria. La segunda persona es un matón de la jakuza, y la tercera una niña que sufre un duro destino Hirasaka mismo no abandona nunca su puesto, pues ha perdido todos sus recuerdos. No obstante, espera que alguna vez pase alguien por su estudio que le proporcione alguna clave para recuperar su pasado.
La biografía de los «clientes» de Hirasaka incluye siempre algún momento especial, al que pueden acudir como «fantasmas» para hacer una foto que quieran incorporar a la documentación gráfica de su vida.
Este libro es uno de esas obras que dejan un agradable sabor de boca, pues destacan aspectos positivos de las personas.
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