
Tercer y último episodio de la «trilogía del sicario sin nombre» de Víctor del Árbol. Esta novela, en la que aparecen de nuevo muchos de los protagonistas de las dos novelas precedentes —tanto vivos como muertos— se desarrolla en Chipre y en varias localidades de Cataluña y Valencia. El sicario mexicano desconocido ha pasado un tiempo de bonanza en Chipre, en tonde ha estado en contacto con Orestes, un narcotraficante y asesino con buenos contactos en todo el Mediterráneo. Como contrapartida por la ayuda en el blanqueo de una buena cantidad de dinero, el sicario recibe el encargo de liquidar a tres personas, algo que se revela a lo largo de la narración.
A partir de ahí, el sicario se entromete en un complejo tinglado de asesinatos, especulaciones e implicaciones políticas e incluso vaticanas. Dos niños desaparecidos veinte años antes, la salida de la cárcel del padre de los mismos, condenado a pesar de no haber cadáveres ni pruebas, la aparición de una periodista con un misterioso cuaderno y un antiguo policía, ya jubilado, así como de una empresaria, antes policía, completan un cóctel complejo, demasiado complejo en algunas ocasiones.
Las dos primeras novelas de esta serie me gustaron más que esta, a pesar de las alabanzas recibidas por el autor, en parte también de compañeros de profesión. La trama es difícil de seguir sin conocer y tener en mente las dos primeras novelas. La verosimilitud es algo menor que en aquellas. Y la homogeneidad del lenguaje de todos los protagonistas restan a mi modo de ver calidad literaria a la novela que, a pesar de todo, vale la pena leer. Igual que vale la pena seguir a este autor.
La opinión de los demás (no solo sobre esta novela):
«Las novelas de Víctor del Árbol van más allá de los códigos clásicos del thriller. Impresiona la destreza con la que maneja las idas y venidas de las distintas épocas.» Le Monde des Livres