
Esta novela, la primera que publica Jon Fosse después de recibir el Premio Nobel, se anuncia como el comienzo de una nueva trilogía. Tenía curiosidad por saber si el premiado autor permanece fiel a sí mismo al tener que escribir tras el salto a la fama. La respuesta es sí. Nada más empezar a leer este libro se encuentra uno en el «universo» de Fosse, formado por personas sencillas de pueblos sencillos. Los diálogos, entrecortados como es habitual entre los habitantes de los países nórdicos, invitan y casi obligan al lector a permanecer dentro de la escena, sin grandes saltos. A esto contribuye también la ausencia de puntos en el texto. Este artificio, que se encuentra también en otras obras conocidas, como el Ulisses de Joyce o algunas novelas de Camilo José Cela. El motivo de Fosse para proceder así es impedir la interrupción del «flujo» de palabras que compone su escrito. Por otro lado, el libro se lee o se escucha sin dificultades.
Tres personajes componen una trama que es, en realidad, una compleja relación de pareja o parejas. Eline, una mujer de armas tomar, comparte vida y vivienda de forma sucesiva con los otros dos: Jatgeir, un empleado y marino que de niño estuvo enamorado de Eline y eligió su nombre para su barco, y Ulaf, llamado Frank por Eline, pescador y hombre de tan pocas palabras y cortas acciones como Jatgeir. Los tres viven en los fiordos de la zona de Bergen, en Noruega, y su vida se limita en realidad a seguir el transcurrir de los días amoldándose al destino o, como sucede en esta novela, a la voluntad de otras personas con más iniciativa y resolución.
Se ha comparado a Fosse con Samuel Beckett por su preferencia por situaciones aparantemente absurdas, pero que tienen una gran importancia en la obra del autor noruego. En este caso, por ejemplo, la búsqueda de aguja e hilo en varias ciudades costeras, y la desfachatez con que dos tenderas engañan a Jatgeir exigiéndole un precio totalmente inadecuado, que este paga plegándose de nuevo a su destino.
Me da la impresión de que Jon Fosse se va a convertir en un autor de culto: uno de esos escritores que adoras o que odias. Yo me inclino por el primero de los dos verbos.
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