Lo que oculta la tierra, Leticia Sierra

Estos últimos meses estaba un poco preocupada porque leía muy despacio, en mi ranking personal de dos-tres novelas a la semana cuando era joven, que han ido adelgazando poco a poco hasta convertirse, en estos últimos meses, en dos-tres novelas al mes.
Yo lo achacaba, por buscarme una excusa, a que leía novelas con más «enjundia», y en algunos casos era cierto, pero no dejaba de ser eso, una excusa. Porque lo cierto es que hace tiempo que no paso una tarde entera, -esas largas tardes de verano a la sombra de un precioso árbol o esas largas tardes de invierno con el tazón de café, la butaca y la mantita, hasta que te quedas ciega o te llaman a cenar- con un libro en la mano, pendiente de conseguir enterarme de qué va a pasar con el héroe antes de tener que dejarlo hasta la tarde siguiente.
Pero era una excusa, porque con esta novela he vuelto a buscar tiempo donde no lo había, y a dejar para otro momento sesudas tareas. Todo con tal de seguir leyendo Porque la novela es intrigante. Electrizante. No tiene el punto de cinismo de toda novela negra que se precie, ni la intriga pura y dura de quién será el asesino del modelo Agatha Christie o Conan Doyle, ni ninguna persecución trepidante como ocurre en algunas novelas policiacas americanas tipo Patricia Cornwell. No está planteada desde una perspectiva de crítica social (aunque lo que denuncia es brutal), ni pretende irnos familiarizando con un tándem de picoletos  sosias de Vila y Chamorro. Esta novela es otra cosa. Y no es que le falte nada, porque tiene ritmo, e intriga. Es diferente porque tiene algo diferente: Tiene emoción. Sobre todo y ante todo.  Es una novela yo diría que escrita «desde las tripas», o, al menos, la autora quiere que la leamos desde ahi. Y lo consigue, porque hay garra. Es intensa.
Cuando tengáis una tarde de ésas de seis o siete horas vacante, abrid este libro. Y si no tenéis esa tarde y lo abrís, procurad no tener nada urgente que os reclame. Porque quizás no lo podáis cerrar.

Acerca de Isabel

lectora de novelas, preferiblemente con argumento, aunque después de muchos años me empiezan a gustar simplemente las bien escritas. Mayorcita, me ceden el asiento en el metro cuando no me tiño el pelo, y mi hija dice que soy friki. Yo me siento joven, lo que debe de ser típico de mi edad. Y como esto no es una novela, adiós, que me enrollo.
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