El repartidor de Pekín, Hu Anyan


Encontré esta novela en el catálogo de audiolibros de las bibliotecas municipales de Madrid y decidí leerla. Las reseñas en Internet picaron mi curiosidad, y tengo que decir que he disfrutado con su lectura/audición. El autor y protagonista de esta narración autobiográfica es un trabajador chino en precario. Nació en el sur de China, en la zona de Guangzhou, en una familia tradicional marcada por los acontecimientos históricos de la China de Mao: su madre tuvo que buscar su futuro en el mundo rural, y su padre sirvió en el ejército. Nada más acabar la formación escolar, Hu comenzó a trabajar en diferentes empresas y ramos, todos ellos en el sector de bajos ingresos. Esto incluye, puestos temporales o a destajo como empleado de gasolinera, guardia de seguridad, vendedor en un supermercado, mecánico de bicicletas y, sobre todo, repartidor de paquetes en varias ciudades chinas, incluyendo Pekín.
Junto a su trabajo, Hu Anyan dedicaba el tiempo libre a leer y a escribir. En su libro menciona a autores muy variados de su repertorio de lecturas, desde Salinger y Kafka hasta nada menos que James Joyce. Sus reflexiones y experiencias sobre la vida laboral, sobre el trabajo y sobre lo que da sentido a la vida resultan asombrosamente profundas y razonadas para una persona sin formación superior. Consciente de sus limitaciones, especialmente en la interacción con otras personas, Hu buscaba ocupaciones que le permitieran trabajar en solitario y cumplir su cometido del mejor modo posible. Evitaba los conflictos con otras personas y buscaba la satisfacción en los pequeños detalles de cada día. Las reflexiones finales merecen ser releídas, pues reflejan su filosofía y su gratitud.
El estilo narrativo es sencillo, lineal, pero al mismo tiempo detallado y no exento de humor. La China que refleja es la actual, una mezcla de tradiciones, comunismo y un capitalismo tan acentuado como en cualquier economía occidental, pero sin la tradición y la legislación asistencial de estas últimas.
Puedo recomendarla sin reservas.

La opinión de los demás:

«Hipnótica […]. El repartidor de Pekín es silenciosamente revolucionaria simplemente porque trata las minucias del trabajo como algo importante. La pesadilla burocrática de conseguir que una empresa dé de alta a un nuevo empleado; la tendencia de los motocarros eléctricos de reparto a averiarse; la incomodidad de entregar paquetes en pleno frío, pero teniendo que llevar guantes sin dedos para poder teclear en la pantalla del móvil: que todo esto pueda ser el tema de un libro resulta casi revelador». The Washington Post
«Poderoso. […] El libro es una crítica implacable de un sistema terrible, aunque Anyan encuentra humor y dignidad incluso en sus momentos más sombríos». The Guardian

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