
Esta novela del año 1985 ha sido considerada por algunos críticos como una de las obras de escritores estadounidenses más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, y ha formado parte de listas de los mejores libros publicados; por ejemplo, la del New York Times o de la revista Time.
Aunque está basada en hechos reales, incluyendo un relato autobiográfico, y algunos de sus personajes aparecen con sus nombres reales, el libro es una parábola sobre el hombre, la guerra, la vida y la muerte. La moraleja es profundamente negativa, algo que debe saberse antes de empezar a leer este libro.
La mayor parte de la acción transcurre en los años 40 del siglo XIX en el sur de los Estados Unidos y el norte de México. Los protagonistas son un joven huérfano de Tennesee —que al comienzo de la novela tiene 14 años, y es llamado sencillamente «el chaval» durante casi toda la obra y «el hombre» al final—, y el juez Holden, un albino de más de 2 metros con una gran cultura y de gran crueldad. El chaval se une a un grupo de filibusteros, formado por soldados estadounidenses que rapiñan por los pueblos mexicanos. Tras ser apresado y encarcelado, su compañero de celda afirma que ambos son expertos «mataindios», de modo que se les permite unirse a un grupo de mercenarios, que reciben del gobierno mexicano el encargo de exterminar a los indios, sobre todo apaches, que atacaban los pueblos de Chihuahua y Sonora. El grupo lo dirige John Joel Glanton, un personaje histórico tristemente conocido por sus campañas en los estados sureños y en México.
La novela relata con un acusado realismo el trato de los mercenarios entre sí, sus luchas con los indios y con otros grupos y sus rivalidades internas. La narración es de gran dureza, y va acompañada de un lenguaje florido y de gran belleza en las descripciones de los paisajes. Se ha dicho, no sin razón, que utiliza un lenguaje bíblico, inexorable en su coherencia. Y no voy a revelar más del contenido.
Comencé a leerla llevado por el buen sabor de boca que me dejó «La carretera», pese al particular ambiente de esta narración distópica, y advertido por la película «No es país para viejos» en relación con la violencia gratuita. Pese al precioso lenguaje de la novela, me ha costado terminarla, y no recomendaría su lectura a personas sensibles o que buscan en la lectura más distracción que enfrentamiento con la realidad. Y es que el ambiente desprovisto de cultura y entregado a la violencia de esta novela refleja, no solo el salvaje oeste real, sino desgraciadamente una realidad que aún sigue presente en muchos lugares de este planeta.
La opinión de los demás:
«El libro se lee como una mezcla del Infierno, la Iliada y Moby Dick. Solo puedo decir que Meridiano de sangre no se parece a nada que haya leído en los últimos años y me parece un logro impresionante y extraordinario.» John Banville
«Basada en hechos reales y de una violencia y atrocidad insoportables, la obra maestra de Cormac McCarthy es una suerte de wéstern metafísico en el que se nos obliga a contemplar la realidad del mal sin posibilidad de apartar la mirada.» Eduardo Lago, Babelia