Nudo de víboras, François Mauriac


François Mauriac, galardonado con el Premio Nobel en 1952, es uno de los grandes escritores católicos de la primera mitad del Siglo XX. Hay muchos escritores excelentes considerados «católicos» en esta época, tanto franceses como alemanes, ingleses y nórdicos. No suelo leer este tipo de literatura, sobre todo si la ficción y la calidad literaria se comprometen abiertamente con un fin apologético, es decir, evangelizador. Algunos ejemplos característicos de este loable intento son Gertrud von Lefort o Paul Claudel. Con frecuencia, estos autores defienden posturas menos convencionales dentro de su respectiva iglesia. En el caso de Mauriac, esto se refiere a la llamada teología fundamental, es decir, cómo llega el hombre a conocer a Dios, y qué papel asumen las iglesias, y a la doctrina social.
Nudo de víboras es, en primer lugar, una novela excelente. Escrita en forma de carta o diario, que Luis, un millonario enfermo dirige a su mujer y a sus herederos, así como dos cartas de uno de sus hijos, relata la intención del protagonista y narrador de desheredar a su familia a su muerte, que él presiente próxima. En su relato, Luis especifica los motivos de su enquina y recoge algunos apuntes biográficos. Hijo de una familia de campesinos, Luis se hizo poco a poco con una gran fortuna y se casí con una mujer de familia noble bordelesa. La postura de su familia política, para la que él era un advenedizo, y además masón, y la falta de comunicación con su mujer a partir del nacimiento de sus hijos llevaron a Luis al aislamiento y a un enfrentamiento abierto con su familia. El título hace referencia a la experiencia vital del protagonista, que siente su corazón atrapado dentro de un nido de víboras que se enredan como un nudo a su alrededor, impidiendo que nada le llegue y nada salga. Algunas frases son tremendas, como “Yo soy un hombre al que no se ama”, que afirma juzgando su situación como irreversible, agravada, como el mismo afirma, por “la desconfianza del rico que le asusta ser engañado y teme que le exploten”.
Mauriac describe esta situación, mostrando al mismo tiempo que el arrepentimiento y la salvación son siempre posibles, hasta el último momento, pese al daño que el viejo ávaro ha causado a su familia y a su entorno. Esta novela es considerada la mejor obra de Mauriac y uno de los grandes relatos del Siglo XX.

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