Releyendo a Murakami, Delibes, Zweig


Este año he releído, por diversos motivos, algunos libros que había leído ya hace tiempo. Por ejemplo, Los santos inocentes y La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes, Kafka en la orilla de Haruki Murakami, Miedo de Stefan Zweig, por limitarme a los cuatro que mejor impresión y recuerdo me han dejado.
En algunos casos, la ocasión la ha suministrado la película correspondiente. En el de Murakami, en cambio, las expectativas del Premio Nobel, que al final se lo han vuelto a dar a otro escritor: tocaba hombre, y tocaba europeo, según las estadísticas nunca desmentidas.
Puedo recomendar a cualquiera de los lectores de mi blog (haberlos, haylos) que dedique unas horas a estos cuatro libros. En especial Kafka en la orilla. Este libro lo leí por primera vez en papel hace 15 años y es una de las primeras obras comentadas en el blog. Ahora lo he escuchado/leído con sumo gusto, generalmente paseando por el bosque o a la orilla del Rhin. El estilo característico de Murakami, el auténtico realismo mágico, que tan de moda se ha puesto, se completa aquí con una historia coherente y con dos personajes inolvidables: el jovencito Kafka Tamura, que se escapa de casa y se afinca en una biblioteca privada en Takamatsu, en donde conoce a personajes altamente interesantes, y el anciano Nakata, que fue protagonista de un curioso incidente durante la Segunda Guerra Mundial, y que es capaz de hablar con los gatos y de percibir determinados signos sobre lo que tiene que hacer. La historia de ambos personajes converge en un final que, como es habitual en Murakami, no explica todos los flecos que van quedando sueltos.
El pequeño cuento de Stefan Zweig relata un acontecimiento en la vida de una mujer casada, que comienza una aventura más por aburrimiento que por pasión. Los remordimientos y el miedo de un escándalo llevan a la protagonista al límite de sus nervios.
De los dos libros de Delibes no hace falta decir mucho: son dos obras de arte, cada uno en su género.
No es que me falten libros para leer y tenga que «repetir». En realidad es más bien lo contrario, pero en los cuatro casos no he podido resistir la tentación de releer para (re-)disfrutar. ¡Que leáis bien!

Esta entrada ha sido publicada en General, Novela y etiquetada como , , . Guarda el enlace permanente.

Deja una respuesta